El catarismo tuvo una importante repercusión en la sociedad catalana, sobretodo a partir de la segunda mitad del siglo XII (el primer documento que habla de una comunidad cátara catalana en el Valle de Aran, está fechado en 1167), y hasta finales del siglo XIII. Presentaba muy pocas variantes doctrinales respecto al catarismo occitano, debido principalmente, a la rigurosa jerarquización de la iglesia cátara.
Fue introducido desde Occitania siguiendo el procedimiento habitual de los cátaros, a través, sobretodo, del comercio y de la industria, principalmente la téxtil (que durante el siglo XIII dependía, en gran parte, de comerciantes occitanos), y se incrementó con la llegada de nobles occitanos cátaros, motivada por la represión religiosa en Occitania y favorecida por la corona catalanas, por la importante entrada de capital que comportaba, por los intereses derivados de la guerra contra los sarracenos y por la repoblación de los territorios conquistados.
Por otro lado, la amplitud de su difusión se explica, en parte, por las crisis sociales que implicaron en Cataluña el nacimiento de la burguesía. Los grandes señores feudales, interesados por afianzar, delante de la feudalidad eclesiástica, las posiciones logradas, eran propensos a la adopción de una doctrina que comportaba la supresión del poder temporal de la Iglesia. A pesar de ello, fue con el nacimiento y la expansión de la burgesia, cuando el catarismo consiguió una mejor adecuació a los intereses de clase, y de esta manera, en la medida que era una doctrina que no solamente no condenaba las actividades mercantiles, sino que incluso las favorecía, y que en su concepción dualista encajaba con la valoración burguesa de las dos grandes realidades sociales del momento: el mundo agrario y feudal, basado en el sentido sagrado del linaje y de la propiedad territorial, considerado por aquella como un estorbo y una representación del mal, y el mundo artesano y comerciante, que encarnaba el bien.
Las zonas más influídas por la nueva doctrina fueron el Rosellón y los valles pirinaicos, donde las grandes familias tenían importantes lazos familiares, culturals, militars y económicos con Occitania. La zona catalana pirinaica occidental llegó a ser también, refugio y centro de actividades cátaras, destacan: Andorra, la Tor de Querol, Berga, Josa, Gósol y Castellbó, ..., y un destacado grupo de los señores de estos territorios se convertiran en decididos protectores de la herejía. El catarismo se extendió hasta Barcelona, Lérida, Prades, Siurana, Arbolí, Cornudella, región de Morella y por las nuevas tierras conquistadas a los musulmanes.
La cruzada albigense, que suposo la represión por la fuerza del catarismo occitano, tuvo una gran repercusión para Cataluña: representó el final de la expansión catalana en tierras occitanas, y pasarán a formar parte del reino de Francia, a partir de la derrota sufrida por el rey Pedro I en Muret (1213), y también será el comienzo de una importante emigración que contribuirá a la conquista de tierras musulmanas y beneficiaran la expansión catalana por Italia, gracias a la imagen tolerante de Cataluña, transmitida por los cátaros refugiados principalmente en Lombardía.
En la corona catalano-aragonesa la represión de la herejía, que interesaba sobretodo a la Iglesia, estaba condicionada por sus repercusiones en la política occitana de los reyes. Alfonso el Casto y Pedro I la condenaron varias veces, seguramente para proteger a los nobles de una represión más dura; pero al final Jaime I terminará cediendo a las presiones papales que pedían con urgencia la extinción del catarismo. A mediados del siglo XIII fue establecida definitivamente la inquisición como institución, y bajo el control de los dominicos.
Las últimas reminiscencias del catarismo en el Reino de Aragón fue la comunidad de San Mateo en el Maestrazgo, dirigida por Guilhem Belibasta, que en su prolongado exilio occitano, se estableció (1315) durante seis años en Morella.
http://www.xtec.es/~apalau12/catarcas.htm
EL CATARISMO Y LOS CATAROS EN LAS TIERRA DE OCCITANIA.
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domenica 10 febbraio 2008
CÁTAROS Y CATARISMO EN OCCITANIA
Las rutas que siguen las ideas para penetrar en una determinada zona, son pocas veces misteriosas, en cambio, las condiciones de su implantación, son en general menos evidentes. Los documentos y el mismo desenlace de la Historia demuestran de forma indudable, que el catarismo se propagó a través de Europa durante el período histórico de reapertura de les grande rutas comerciales, después de las invasiones y del establecimiento tanto de nuevos centros de intercambios comerciales -las Ferias-, como de nuevas técnicas financieras,por no decir bancarias. La letra de cambio, el antepasado directo del cheque y de la tarjeta de crédito, fue inventada en Tolosa durante el siglo XII.
Los principados occitanos, que formaron el marco general del desarrollo del catarismo albigense, son muy a menudo estas zonas europeas avivadas por las nuevas corrientes de intercambios comerciales y trastornadas por la misma economía monetaria. Se caracterizan igualmente por un progreso de la vida urbana, unida a la expansión económica y a la aparición de una clase burguesa de mercaderes, y también por una estructuración de las ciudades que adquieren libertades, franquicias y consulados, en detrimento de los señores feudales(Tolosa, Carcasona, Beziers, ...).
Se trata de lugares, donde el clima sociocultural y económico, favoreció la implantación del cristianismo cátaro, ya que éste se inscribirá sin dificultad aparente, en el conjunto de las clases sociales, y de una manera francamente "progresista", es decir en el sentido de la corriente económica innovadora y aportadora de futuro. Al mismo tiempo, se desarrolla un relativo despertar de la clase burguesa en relación con el sistema feudal, que es la que toma el poder en las ciudades, al menos en las zonas meridionales. Las ciudades tendrán como característica general, el hecho de ser lugares de paso y de intercambio del nuevo gran comercio internacional, a la vez que punto de proyección de una nueva cultura literaria profana (el "trovar").
Una burguesía que a finales del siglo XII, y en Occitania esencialmente,estaba en pleno apogeo político a causa de los consulados urbanos y en pleno apogeo económico al sesgo de un gran comercio internacional apoyado en las nuevas técnicas bancarias. Una clase burguesa pues,que entre otras razones, debía sentirse atraída, por una Iglesia que no tenía ninguna razón de orden metafísico ni práctico, para cubrir de oprobio el préstamo con intereses,ni asimilarlo con la usura, y que no excomulgaba de ninguna manera a los que lo practicaban (si que lo hacía la Iglesia romana, desde un decreto del 1r. concilio de Letrán, el año 1097).
Además, el rechazo por parte de la Iglesia cátara de cualquier clase de violencia institucionalizada, guerra o pena de muerte,su desprecio por cualquier jerarquía temporal y su negación de un derecho de justicia laico, no parecieron estorbar la eficacia de las prédicas cátaras entre la nobleza. No lo pareció más que la teórica igualdad en el aspecto social que fluíade los destinos de la reencarnación de un cuerpo adinerado a un cuerpo oprimido: la incitación tácita de los Buenos Hombres a los señores, que necesitaban que el diezmo eclesiástico no fuese restituído, era un argumento que comportaba que realmente no pudiesen perjudicar estos idealismos evangélicos. Y, de hecho, las relaciones que se establecieron entre la Iglesia de los Buenos Cristianos y la pequeña nobleza occitana no fueron casi nunca relaciones de interés, sino unos sólidos y fieles vínculos de fervor y de corazón.
La clase burguesa mercantil, en teoría, tenía mejores razones para adherirse al cristianismo cátaro que no las que tenía la nobleza. Para empezar, y contrariamente al clero de la Iglesia dominante,que subsistía de sus imposiciones sobre las poblaciones de sus fieles, los Buenos Hombres participaban en el mundo laboral. Su regla de vida evangélica, les obligaba a trabajar para vivir, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, los cuales, ejercían todos algún oficio.
Convertidos en Buenos Cristianos, los antiguos caballeros ya no temen para nada "rebajarse". Caballeros que aprenden a tejer o a coser, damas importantes (como la hermana del conde de Foix), que estaban obligadas a trabajar con la rueca para poder vivir, predicadores itinerantes que se convierten en mercaderes y siguen las rutas comerciales por los burgos y las ferias. Es innegable que la sociedad religiosa cátara se abría hacia el mundo de la burguesía mercantil de manera muy natural.
Las casas cátaras, las casas de hombres y mujeres perfectas, en las ciudades y en los burgos, hacían la función de talleres,y al mismo tiempo de centros de predicación y de plegaria. Eran talleres donde se trabajaba en la elaboración de tejidos, de costura y de fabricación de diversos objetos artesanales de la vida cotidiana,desde la escudilla de madera hasta los peines de cuerno. En cuanto a los perfectos itinerantes, siempre de dos en dos, para llevar a cabo su misión de la predicación y su sacerdocio del "consolamentum", ejercerán diversos oficios, pero siempre "móviles", como médicos, carpinteros,..., aunque algunas veces podían contratarse como obreros agrícolas en tierras laicas, desempeñaban razonablemente de forma privilegiada unos oficios compatibles con su situación de caminantes. De manera natural, eran encaminados a hacerse portadores,de plaza en plaza, tanto de la Palabra del bien como de los productos procedentes de sus talleres. Contribuían así ampliamente a la financiación de su Iglesia, a la cual naturalmente también alimentaban diferentes donaciones, y sobretodo legados entregados con motivo de los "consolamentums" dispensados a los moribundos.
No obstante ser una Iglesia rica (rica por el trabajo de toda la comunidad), por las donaciones y los legados piadosos como cualquier Iglesia, y a pesar de la vida de pobreza de cada uno de sus miembros, la Iglesia cátara necesitaba dinero. Sus "bienes" no estuvieron nunca "congelados" en forma de grandes haciendas, sino que se quedaron en el mercado económico. El mundo de los negocios fue acostumbrándose a trabajar con ellos (les confiaba sumas en depósito porque de todos era conocida su integridad), y la Iglesia administró estos depósitos conjuntamente con sus propios fondos y, probablemente,sin dudar en hacerlos fructificar. Lo hicieron eso sí, de manera escrupulosa, teniendo extremo cuidado siempre en devolver los depósitos, incluso en los periodos de grave peligro, ya que el fraude en los préstamos y en las gestiones parece que figuraban en la categoria de los "pecados". De esta manera la Iglesia proporcionó unos importantes servicios, tanto a los pequeños artesanos locales como a la clase burguesa comerciante en conjunto, y se inserto
de manera generalizada dentro de la economía monetaria de la época.
http://www.xtec.es/~apalau12/sociecas.htm
Los principados occitanos, que formaron el marco general del desarrollo del catarismo albigense, son muy a menudo estas zonas europeas avivadas por las nuevas corrientes de intercambios comerciales y trastornadas por la misma economía monetaria. Se caracterizan igualmente por un progreso de la vida urbana, unida a la expansión económica y a la aparición de una clase burguesa de mercaderes, y también por una estructuración de las ciudades que adquieren libertades, franquicias y consulados, en detrimento de los señores feudales(Tolosa, Carcasona, Beziers, ...).
Se trata de lugares, donde el clima sociocultural y económico, favoreció la implantación del cristianismo cátaro, ya que éste se inscribirá sin dificultad aparente, en el conjunto de las clases sociales, y de una manera francamente "progresista", es decir en el sentido de la corriente económica innovadora y aportadora de futuro. Al mismo tiempo, se desarrolla un relativo despertar de la clase burguesa en relación con el sistema feudal, que es la que toma el poder en las ciudades, al menos en las zonas meridionales. Las ciudades tendrán como característica general, el hecho de ser lugares de paso y de intercambio del nuevo gran comercio internacional, a la vez que punto de proyección de una nueva cultura literaria profana (el "trovar").
Una burguesía que a finales del siglo XII, y en Occitania esencialmente,estaba en pleno apogeo político a causa de los consulados urbanos y en pleno apogeo económico al sesgo de un gran comercio internacional apoyado en las nuevas técnicas bancarias. Una clase burguesa pues,que entre otras razones, debía sentirse atraída, por una Iglesia que no tenía ninguna razón de orden metafísico ni práctico, para cubrir de oprobio el préstamo con intereses,ni asimilarlo con la usura, y que no excomulgaba de ninguna manera a los que lo practicaban (si que lo hacía la Iglesia romana, desde un decreto del 1r. concilio de Letrán, el año 1097).
Además, el rechazo por parte de la Iglesia cátara de cualquier clase de violencia institucionalizada, guerra o pena de muerte,su desprecio por cualquier jerarquía temporal y su negación de un derecho de justicia laico, no parecieron estorbar la eficacia de las prédicas cátaras entre la nobleza. No lo pareció más que la teórica igualdad en el aspecto social que fluíade los destinos de la reencarnación de un cuerpo adinerado a un cuerpo oprimido: la incitación tácita de los Buenos Hombres a los señores, que necesitaban que el diezmo eclesiástico no fuese restituído, era un argumento que comportaba que realmente no pudiesen perjudicar estos idealismos evangélicos. Y, de hecho, las relaciones que se establecieron entre la Iglesia de los Buenos Cristianos y la pequeña nobleza occitana no fueron casi nunca relaciones de interés, sino unos sólidos y fieles vínculos de fervor y de corazón.
La clase burguesa mercantil, en teoría, tenía mejores razones para adherirse al cristianismo cátaro que no las que tenía la nobleza. Para empezar, y contrariamente al clero de la Iglesia dominante,que subsistía de sus imposiciones sobre las poblaciones de sus fieles, los Buenos Hombres participaban en el mundo laboral. Su regla de vida evangélica, les obligaba a trabajar para vivir, siguiendo el ejemplo de los apóstoles, los cuales, ejercían todos algún oficio.
Convertidos en Buenos Cristianos, los antiguos caballeros ya no temen para nada "rebajarse". Caballeros que aprenden a tejer o a coser, damas importantes (como la hermana del conde de Foix), que estaban obligadas a trabajar con la rueca para poder vivir, predicadores itinerantes que se convierten en mercaderes y siguen las rutas comerciales por los burgos y las ferias. Es innegable que la sociedad religiosa cátara se abría hacia el mundo de la burguesía mercantil de manera muy natural.
Las casas cátaras, las casas de hombres y mujeres perfectas, en las ciudades y en los burgos, hacían la función de talleres,y al mismo tiempo de centros de predicación y de plegaria. Eran talleres donde se trabajaba en la elaboración de tejidos, de costura y de fabricación de diversos objetos artesanales de la vida cotidiana,desde la escudilla de madera hasta los peines de cuerno. En cuanto a los perfectos itinerantes, siempre de dos en dos, para llevar a cabo su misión de la predicación y su sacerdocio del "consolamentum", ejercerán diversos oficios, pero siempre "móviles", como médicos, carpinteros,..., aunque algunas veces podían contratarse como obreros agrícolas en tierras laicas, desempeñaban razonablemente de forma privilegiada unos oficios compatibles con su situación de caminantes. De manera natural, eran encaminados a hacerse portadores,de plaza en plaza, tanto de la Palabra del bien como de los productos procedentes de sus talleres. Contribuían así ampliamente a la financiación de su Iglesia, a la cual naturalmente también alimentaban diferentes donaciones, y sobretodo legados entregados con motivo de los "consolamentums" dispensados a los moribundos.
No obstante ser una Iglesia rica (rica por el trabajo de toda la comunidad), por las donaciones y los legados piadosos como cualquier Iglesia, y a pesar de la vida de pobreza de cada uno de sus miembros, la Iglesia cátara necesitaba dinero. Sus "bienes" no estuvieron nunca "congelados" en forma de grandes haciendas, sino que se quedaron en el mercado económico. El mundo de los negocios fue acostumbrándose a trabajar con ellos (les confiaba sumas en depósito porque de todos era conocida su integridad), y la Iglesia administró estos depósitos conjuntamente con sus propios fondos y, probablemente,sin dudar en hacerlos fructificar. Lo hicieron eso sí, de manera escrupulosa, teniendo extremo cuidado siempre en devolver los depósitos, incluso en los periodos de grave peligro, ya que el fraude en los préstamos y en las gestiones parece que figuraban en la categoria de los "pecados". De esta manera la Iglesia proporcionó unos importantes servicios, tanto a los pequeños artesanos locales como a la clase burguesa comerciante en conjunto, y se inserto
de manera generalizada dentro de la economía monetaria de la época.
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EL CATARISMO:Su mensaje de Revelación y de Salvación
La situación que plantea el catarismo podría parecer como bloqueada: por un lado, el principio del bien y del Ser fuera del tiempo, fuera del mundo visible, en el mundo luminoso y infinito de los espíritus buenos, en la eternidad; por el otro, el mundo visible y temporal, del que el principio maligno es el príncipe ordenador, donde las almas de los hombres, de encarnación en encarnación, duermen en la materia corruptible indefinidamente renovada y en el olvido de su origen divino.
Pero Dios en su amor infinito, no permanece inmóvil en su mundo de luz. Tiene "piedad de su pueblo" y interviene en un mundo que no es el suyo "mediante el advenimiento de su hijo Jesucristo". Dios hizo transmitir a su "pueblo en el exilio" el mensaje de la revelación y de la salvación destinado a "liberarlo del mal". Y el Cristo, enviado por Dios, apareció en este mundo y predicó el reino de su Padre, recordando a las almas adormecidas su patria celestial.
Para los cátaros, no fue para redimir el pecado original mediante su sacrificio y su muerte en la cruz, que el hijo de Dios había venido a este mundo. Jesús habría venido para enseñar a los hombres, después de haberles recordado que su reino no era de este mundo, los gestos libertadores que les podían volver a la eternidad y librarles del mal y del tiempo.
Este gesto salvador que el Cristo había venido a transmitir a sus apóstoles y a los que había pedido que lo hicieran con las enseñanzas que Él les había dado, era el sacramento del bautismo por imposición de manos y del espiritu, el bautismo por el fuego y no por el agua, el consolamentum de los Buenos Hombres occitanos.
La iglesia católica había construído su dogmatismo, alrededor de Cristo, el redentor, y alrededor de su cuerpo martirizado. Este sacrificio se repite incansablemente durante la eucaristía y al finalizar la misa: misterio de transubstantación el pan se convierte en cuerpo, el vino se convierte en sangre: sufrimiento, muerte y vida.
Para los cátaros, el pan no se convirtió nunca en carne, el vino no representó nunca el papel, horripilante, de la sangre vertida: no será con la perpetuación del sufrimiento y de la muerte que se podrá suprimir, acabar con el mal, sinó multiplicando el Espiritu en este mundo.
"Entonces les imponían las manos y recibían el Espiritu Santo"
(Fets 8,17).
Cristianismo sin cruz, cristianismo sin eucaristía, ..., la religión cátara es pues, ámpliamente doceta: Hijo de Dios, emanación de Dios, Ángel de Dios, fue bajo la apariencia de hombre y no en la realidad de su carne, que el Cristo fue enviado a este mundo maligno, solamente fue en apariencia que murió en la cruz. Ninguna gota de su sangre, ni humana ni divina, fue derramada, ninguna carne fue dañada ni conducida a la muerte. El Hijo de Dios no podía morir -ya que el principio maligno es el príncipe de la muerte-, pero lo que sí podía hacer era sufrir.
http://www.xtec.es/~apalau12/doctcas2.htm
Pero Dios en su amor infinito, no permanece inmóvil en su mundo de luz. Tiene "piedad de su pueblo" y interviene en un mundo que no es el suyo "mediante el advenimiento de su hijo Jesucristo". Dios hizo transmitir a su "pueblo en el exilio" el mensaje de la revelación y de la salvación destinado a "liberarlo del mal". Y el Cristo, enviado por Dios, apareció en este mundo y predicó el reino de su Padre, recordando a las almas adormecidas su patria celestial.
Para los cátaros, no fue para redimir el pecado original mediante su sacrificio y su muerte en la cruz, que el hijo de Dios había venido a este mundo. Jesús habría venido para enseñar a los hombres, después de haberles recordado que su reino no era de este mundo, los gestos libertadores que les podían volver a la eternidad y librarles del mal y del tiempo.
Este gesto salvador que el Cristo había venido a transmitir a sus apóstoles y a los que había pedido que lo hicieran con las enseñanzas que Él les había dado, era el sacramento del bautismo por imposición de manos y del espiritu, el bautismo por el fuego y no por el agua, el consolamentum de los Buenos Hombres occitanos.
La iglesia católica había construído su dogmatismo, alrededor de Cristo, el redentor, y alrededor de su cuerpo martirizado. Este sacrificio se repite incansablemente durante la eucaristía y al finalizar la misa: misterio de transubstantación el pan se convierte en cuerpo, el vino se convierte en sangre: sufrimiento, muerte y vida.
Para los cátaros, el pan no se convirtió nunca en carne, el vino no representó nunca el papel, horripilante, de la sangre vertida: no será con la perpetuación del sufrimiento y de la muerte que se podrá suprimir, acabar con el mal, sinó multiplicando el Espiritu en este mundo.
"Entonces les imponían las manos y recibían el Espiritu Santo"
(Fets 8,17).
Cristianismo sin cruz, cristianismo sin eucaristía, ..., la religión cátara es pues, ámpliamente doceta: Hijo de Dios, emanación de Dios, Ángel de Dios, fue bajo la apariencia de hombre y no en la realidad de su carne, que el Cristo fue enviado a este mundo maligno, solamente fue en apariencia que murió en la cruz. Ninguna gota de su sangre, ni humana ni divina, fue derramada, ninguna carne fue dañada ni conducida a la muerte. El Hijo de Dios no podía morir -ya que el principio maligno es el príncipe de la muerte-, pero lo que sí podía hacer era sufrir.
http://www.xtec.es/~apalau12/doctcas2.htm
EL CATARISMO:RELIGION DUALISTA
El catarismo fue una religión cristiana fundamentada en la interpretación dualista de las Escrituras. La Biblia cátara, el libro sagrado que los predicadores itinerantes llevaban siempre consigo y que era la base de sus enseñanzas, era un Nuevo Testamento completo que incluía los cuatro Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas Canónicas y los libros sapienciales del Antiguo Testamento. Los cátaros rechazaban el Antiguo Testamento, por considerarlo una crónica de la creación de este bajo mundo, por el falso Dios, en el cual veian la expresión del principio del mal.
La Biblia cátara (traducción occitana de un original del latín anterior a la Vulgata de San Jerónimo), casi no tenía diferencias con la Biblia católica. La diferencia principal se encontraba en los primeros versos del prólogo del Evangelio según San Juan.
Este es el texto de la Vulgata, que todavía hoy es la base de la Biblia actual:
-(Jo 1,3):"Todo ha sido hecho por Él, y nada de lo que ha sido hecho no ha sido hecho sin Él"
-(Jo 1,4):"Tenía en Él la vida, y la vida era luz ..."
Mientras que el texto de la "vieja lenguadociana" era el siguiente:
-(Jo 1,3):"Todo ha sido hecho per Él, y sin Él nada no ha sido hecho"
-(Jo 1,4):"Lo que fue hecho en Él la vida, y la vida era luz ..."
Esto quiere decir, que los cátaros distinguían dos creaciones: la verdadera, la de les cosas que "son" realmente, es decir la de Dios ("Todo ha sido hecho por Él"); y la ilusoria, la de las cosas que no tienen una verdadera existencia, este mundo visible asimilado a la "nada" ("Es sin Él que ha sido hecha la nada"), o "todas las cosas han sido hechas sin Él". El mundo visible, "este bajo mundo", no es la creación divina. Este mundo visible, en el que nada es estable, en el que todo aquello que se manifesta está sometido a la corrupción y a la muerte, este mundo visible víctima del desorden, del mal, del sufrimiento, de la violencia, este mundo ha tenido que ser creación de otro principio, del principio malo, del principio maligno, en una palabra del diablo.
Efectivamente, el dualismo no se puede resumir en una constatación moral de la acción del bien y del mal en este mundo, ni en su antagonismo. Si así fuese, todas las iglesias cristianas que creen en Dios y en el diablo serían dualistas. El verdadero dualismo supone la independencia absoluta de una raíz del bien y de una raíz del mal, relacionadas la una con la otra.
"Hay dos mundos: uno es visible y el otro es invisible. Cada uno tiene su propio dios. El invisible tiene al Dios bueno, el que salva las almas. El otro, el visible, tiene al Dios malo, el culpable de las cosas transitorias."
Así pues, los cátaros creian en dos creaciones que surgen de los dos principios, según la lógica, cuyos indicios se intuyen ya en el prólogo del "LIBRO DE LOS DOS PRINCIPIOS" (fragmentario resumen de un tratado escrito por doctores cátaros, que consta de una introducción y distintos capítulos como la creación, refutación del llibre albedrío,...): "Un buen árbol no puede dar malos frutos, ni un mal árbol puede darlos buenos"; se intuye la lógica conclusión, que el mundo visible sometido a la corrupción, a la muerte y a la maldad, no podía ser la creación del Dios de amor enseñado por Cristo:"Mi realeza no es cosa de este mundo ..."
http://www.xtec.es/~apalau12/doctcas1.htm
La Biblia cátara (traducción occitana de un original del latín anterior a la Vulgata de San Jerónimo), casi no tenía diferencias con la Biblia católica. La diferencia principal se encontraba en los primeros versos del prólogo del Evangelio según San Juan.
Este es el texto de la Vulgata, que todavía hoy es la base de la Biblia actual:
-(Jo 1,3):"Todo ha sido hecho por Él, y nada de lo que ha sido hecho no ha sido hecho sin Él"
-(Jo 1,4):"Tenía en Él la vida, y la vida era luz ..."
Mientras que el texto de la "vieja lenguadociana" era el siguiente:
-(Jo 1,3):"Todo ha sido hecho per Él, y sin Él nada no ha sido hecho"
-(Jo 1,4):"Lo que fue hecho en Él la vida, y la vida era luz ..."
Esto quiere decir, que los cátaros distinguían dos creaciones: la verdadera, la de les cosas que "son" realmente, es decir la de Dios ("Todo ha sido hecho por Él"); y la ilusoria, la de las cosas que no tienen una verdadera existencia, este mundo visible asimilado a la "nada" ("Es sin Él que ha sido hecha la nada"), o "todas las cosas han sido hechas sin Él". El mundo visible, "este bajo mundo", no es la creación divina. Este mundo visible, en el que nada es estable, en el que todo aquello que se manifesta está sometido a la corrupción y a la muerte, este mundo visible víctima del desorden, del mal, del sufrimiento, de la violencia, este mundo ha tenido que ser creación de otro principio, del principio malo, del principio maligno, en una palabra del diablo.
Efectivamente, el dualismo no se puede resumir en una constatación moral de la acción del bien y del mal en este mundo, ni en su antagonismo. Si así fuese, todas las iglesias cristianas que creen en Dios y en el diablo serían dualistas. El verdadero dualismo supone la independencia absoluta de una raíz del bien y de una raíz del mal, relacionadas la una con la otra.
"Hay dos mundos: uno es visible y el otro es invisible. Cada uno tiene su propio dios. El invisible tiene al Dios bueno, el que salva las almas. El otro, el visible, tiene al Dios malo, el culpable de las cosas transitorias."
Así pues, los cátaros creian en dos creaciones que surgen de los dos principios, según la lógica, cuyos indicios se intuyen ya en el prólogo del "LIBRO DE LOS DOS PRINCIPIOS" (fragmentario resumen de un tratado escrito por doctores cátaros, que consta de una introducción y distintos capítulos como la creación, refutación del llibre albedrío,...): "Un buen árbol no puede dar malos frutos, ni un mal árbol puede darlos buenos"; se intuye la lógica conclusión, que el mundo visible sometido a la corrupción, a la muerte y a la maldad, no podía ser la creación del Dios de amor enseñado por Cristo:"Mi realeza no es cosa de este mundo ..."
http://www.xtec.es/~apalau12/doctcas1.htm
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giovedì 31 gennaio 2008
EL CATARISMO:INTRODUCCION
El hombre de la Edad Media occidental, que reza, que lucha, que trabaja, según el reparto en tres órdenes de la sociedad, percibe el arte, la política, lo social, la vida, la muerte ... en una palabra, el mundo que le rodea, en términos específicamente religiosos. La casi totalidad de sus referencias son cristianas. Su universo mental no puede salir de allí. Concibe su propia existencia como resultado de una creación (no pondrá en cuestión esta concepción hasta finales del siglo XVIII). Toda su vida social y privada se centra en su salvación y gira en torno a un tema recurrente: Dios.
Alrededor del año 1000, es decir a partir del momento en qué aparecen los primeros documentos escritos, cuando el clero regular católico se encierra en prestigiosas Abadías con gran proyección intelectual y filosófica, y el clero secular ( los clérigos del campo y de los burgos ) vive sumergido en la incultura general, los aires de reforma envuelven al pueblo cristiano, en busca de un regreso a los ideales evangélicos de pobreza ("si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, cédelo a los pobres y tendrás un tesoro guardado en el cielo. Después regresa y sígueme"), de pureza en las costumbres y de predicación de la palabra de Dios.
La Reforma Gregoriana, entre los siglos XI y XII, se convertirá en una primera tentativa de respuesta por parte de la Iglesia católica, a los nuevos problemas planteados por un cristianismo instalado en una Europa en paz.
Clérigos y laicos salen a la calle, para predicar el Evangelio, sin preocuparles obtener ni la autorización de Roma, ni el derecho a traducir las Escrituras del latín. Algunas iniciativas no prosperan; otras son reconocidas por la Iglesia de Roma (Francisco de Asís y la orden de los hermanos menores, Domingo de Guzmán y la orden de los hermanos predicadores,...). Otros se constituyen en movimientos divergentes, reformistas en lo que se refiere al dogma pero sobretodo, en lo relacionado con las costumbres católicas.
El catarismo se inscribe en el contexto de fervor espiritual que acabamos de definir y dentro del cual surgían las iniciativas de los clérigos más entusiatas, pero también de laicos, siempre animados por el deseo de seguir al Cristo en toda su pobreza evangélica y por alimentarse de la Palabra de Dios. Esta doctrina tuvo una gran difusión en Occitania, donde un nivel cultural más elevado facilitaba el desarrollo del espíritu crítico en los estamentos más doctos. Su ideal de justicia provocó la adhesión popular, y su ataque al poder temporal de la Iglesia suscitó las simpatías de la nobleza.
Precisamente, por la extensión y la importancia que tuvo en Occitania, los cátaros son conocidos también con el nombre de albigenses (de la ciudad occitana de Albi que llegó a congregar un importante número de cátaros ), a pesar de qué los pricipales centros fueron Tolosa de Lenguadoc, Narbona, Carcassona, Besiers y Foix. El nombre de cátaros (del griego "puro") lo recibieron de los católicos. Ellos mismos se llamaban cristianos o buenos hombres.
El catarismo fue un evangelismo. Uno de los puntos centrales del propósito de vida cátara es la observación literal de los preceptos del Cristo y, especialmente del Sermón de la Montaña. Caracterizados por el rechazo total de la violencia, de la mentira, y del juramento, los cátaros se mostraron a las poblaciones cristianas com unos predicadores (itinerantes y pobres individualmente) de la Palabra de Dios.
Los esfuerzos del Papa para llevar a los cátaros a la ortodoxia católica se malograron. Ni cistercienses ni dominicos lo consiguieron. El asesinato en 1208 de Pedro de Castelnou, legado pontificio, dicidió al Papa Inocencio III a cambiar de táctica y utilizar la violencia. Se inició así la cruzada contra los cátaros. Esta cruzada fue una gran ocasión que se le brindó a la monarquía francesa del Norte para ocupar las tierras del Sur, más rico y civilizado. Esta violencia contra los cátaros continuará años más tarde con los procedimientos empleados por la Inquisición y las posteriores hogueras colectivas ordenadas por los distintos brazos temporales de la Iglesia de Roma.
Esta forma de vivir la religión fue prácticamente exterminada durante la segunda mitad del siglo XIII, a pesar de qué todavia se mantuvieron algunos reductos en Occitania hasta el siglo XIV, y en Italia y Albania hasta el siglo XV, dejando, más allá de una larga obliteración, un mensaje vivo que da a quien quiere leerlos, la memoria de los documentos medievales: cristianismo sin condena eterna y sin cruz, rechazo del mal y de la violencia y total confianza en la bondad fundamental de la naturaleza humana.
http://www.xtec.es/~apalau12/introcas.htm
Alrededor del año 1000, es decir a partir del momento en qué aparecen los primeros documentos escritos, cuando el clero regular católico se encierra en prestigiosas Abadías con gran proyección intelectual y filosófica, y el clero secular ( los clérigos del campo y de los burgos ) vive sumergido en la incultura general, los aires de reforma envuelven al pueblo cristiano, en busca de un regreso a los ideales evangélicos de pobreza ("si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes, cédelo a los pobres y tendrás un tesoro guardado en el cielo. Después regresa y sígueme"), de pureza en las costumbres y de predicación de la palabra de Dios.
La Reforma Gregoriana, entre los siglos XI y XII, se convertirá en una primera tentativa de respuesta por parte de la Iglesia católica, a los nuevos problemas planteados por un cristianismo instalado en una Europa en paz.
Clérigos y laicos salen a la calle, para predicar el Evangelio, sin preocuparles obtener ni la autorización de Roma, ni el derecho a traducir las Escrituras del latín. Algunas iniciativas no prosperan; otras son reconocidas por la Iglesia de Roma (Francisco de Asís y la orden de los hermanos menores, Domingo de Guzmán y la orden de los hermanos predicadores,...). Otros se constituyen en movimientos divergentes, reformistas en lo que se refiere al dogma pero sobretodo, en lo relacionado con las costumbres católicas.
El catarismo se inscribe en el contexto de fervor espiritual que acabamos de definir y dentro del cual surgían las iniciativas de los clérigos más entusiatas, pero también de laicos, siempre animados por el deseo de seguir al Cristo en toda su pobreza evangélica y por alimentarse de la Palabra de Dios. Esta doctrina tuvo una gran difusión en Occitania, donde un nivel cultural más elevado facilitaba el desarrollo del espíritu crítico en los estamentos más doctos. Su ideal de justicia provocó la adhesión popular, y su ataque al poder temporal de la Iglesia suscitó las simpatías de la nobleza.
Precisamente, por la extensión y la importancia que tuvo en Occitania, los cátaros son conocidos también con el nombre de albigenses (de la ciudad occitana de Albi que llegó a congregar un importante número de cátaros ), a pesar de qué los pricipales centros fueron Tolosa de Lenguadoc, Narbona, Carcassona, Besiers y Foix. El nombre de cátaros (del griego "puro") lo recibieron de los católicos. Ellos mismos se llamaban cristianos o buenos hombres.
El catarismo fue un evangelismo. Uno de los puntos centrales del propósito de vida cátara es la observación literal de los preceptos del Cristo y, especialmente del Sermón de la Montaña. Caracterizados por el rechazo total de la violencia, de la mentira, y del juramento, los cátaros se mostraron a las poblaciones cristianas com unos predicadores (itinerantes y pobres individualmente) de la Palabra de Dios.
Los esfuerzos del Papa para llevar a los cátaros a la ortodoxia católica se malograron. Ni cistercienses ni dominicos lo consiguieron. El asesinato en 1208 de Pedro de Castelnou, legado pontificio, dicidió al Papa Inocencio III a cambiar de táctica y utilizar la violencia. Se inició así la cruzada contra los cátaros. Esta cruzada fue una gran ocasión que se le brindó a la monarquía francesa del Norte para ocupar las tierras del Sur, más rico y civilizado. Esta violencia contra los cátaros continuará años más tarde con los procedimientos empleados por la Inquisición y las posteriores hogueras colectivas ordenadas por los distintos brazos temporales de la Iglesia de Roma.
Esta forma de vivir la religión fue prácticamente exterminada durante la segunda mitad del siglo XIII, a pesar de qué todavia se mantuvieron algunos reductos en Occitania hasta el siglo XIV, y en Italia y Albania hasta el siglo XV, dejando, más allá de una larga obliteración, un mensaje vivo que da a quien quiere leerlos, la memoria de los documentos medievales: cristianismo sin condena eterna y sin cruz, rechazo del mal y de la violencia y total confianza en la bondad fundamental de la naturaleza humana.
http://www.xtec.es/~apalau12/introcas.htm
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